Fecha de publicación: 08/20/07
Hora de publicación: 8:38 AM
Categoría: Tema libre | Columnas
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Luego del terremoto en Perú, tras haberse contabilizado daños, pérdidas y muertos, pienso en la desesperación que experimentaron muchos de los damnificados al estar incomunicados por varias horas. Mi amigo y jefe se encontraba en Perú ese día.
El Instituto Geofísico de Perú reportó que el temblor ocurrió a las 18:41 horas del 16 de agosto pasado, el sismo, alcanzó los 7.9 grados Richter. El Instituto de la Defensa Civil anunció que ya sumaban más de 500 muertos, 1,500 heridos y arriba de 80 mil damnificados. En el caso de la ciudad de Pisco, de 130 mil habitantes, su alcalde informó que 70% de ella estaba destruida. En otra de las ciudades más afectadas, Ica, también se vivió el horror de 70 segundos, una eternidad para los pobladores.
Los testimonios de los habitantes de estas ciudades contaban las desgracias y milagros allí ocurridos, pero algo no dejó de llamar mi atención. Además de perder, ya no digamos los servicios básicos, sino sus propias casas, muchos habitantes se quedaron incomunicados, sin carreteras de acceso a las ciudades, sin puentes y, la gran mayoría, sin telefonía. Bajo estas circunstancias, no sólo se prescinde del teléfono, por supuesto, sino de Internet. ¿Qué se puede esperar luego de una tragedia, sino ponerse en contacto con la gente cercana?
En mi caso, un gran amigo y jefe, Jonathan Hernández, se encontraba en Perú esos días, casi a punto de regresar, pero en realidad ignorábamos qué tan cerca o lejos pudiera encontrarse del lugar del sismo. El miércoles mismo comencé a establecer contacto con familiares por Internet para que hicieran lo propio. Antes de que pasara cualquier cosa, la primera señal de vida fue la ventana del mensajero instantáneo… era él. Se encontraba bien, en el aeropuerto de Lima, aunque el día del terremoto había estado al norte del país. El sismo y sus réplicas tuvieron su mayor repercusión al sur.
La comunicación instantána de Internet me proporcionó, una vez más lo que necesitaba: todos los detalles de la ubicación del temblor, intensidad, duración y consecuencias, pero también la señal de vida que estaba buscando. Bueno, quizá suene dramático, pero créame, bajo estas circunstancias de incertidumbre, no fue diferente.

August 20th, 2007 at 12:07 pm
Otra más de las ventajas de la tecnología. ¿Que tal si todavía estuviéramos en esos tiempos de las cartas? ¿Que podríamos hacer en casos como esos? Eso demuestra que el internet sí es útil, y que sirve para algo más que chatear. Lo bueno es que no le pasó nada al galletero, imagínate que le hubiera pasado algo al editor de la Revista Wish. Se le sufriría un chingo sin los artículos de la revista, la neta.
August 20th, 2007 at 1:05 pm
Jeje! Bueno ChristianPlas, tú tendrás un nuevo número de tu revista y yo un rato más a mi amigo. ¡Todos estamos contentos! Por lo demás coincido contigo.
August 20th, 2007 at 7:24 pm
¡Hey Efraín! ¡No me uses como carne para tu blog! Ja,ja,ja. Ya en serio sí estuvo bien feo y en Lima –donde estuve tal como comenta Efraín– se respiraba un aire muy pesado. Más bien trágico. Seguramente era que esa mañana del 16 de agosto que viajé a México, estaba muy nublado el cielo de la capital peruana. Los grupos de auxilio que estaban en el aeropuerto organizándose para ir al sur seguramente también influyeron en mi percepción. O tal vez, sólo tal vez, fue la réplica de seis grados que me sacudió mientras desayunaba.