Fecha de publicación: 02/27/07
Hora de publicación: 11:23 AM
Categoría: Fabulous blog
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Ha sido tan paulatino que muchos tal vez ni se han dado cuenta, pero cuando uno voltea hacia el pasado nota lo distante que hoy día estamos de los horarios laborales de hace apenas cosa de cinco o 10 años.
En aquellos buenos tiempos, en que el trabajo se centraba sólo en la oficina (a menos de que uno se dedicara a labores de campo, como ventas), los fines de semana eran materialmente 100% libres de trabajo (y en caso de que hubiera, lo más normal era que había que llevarse folders con “papeles” de la oficina, o bien ir a ésta si uno tenía acceso libre) y ante las enfermedades era posible realmente descansar en casa. Hoy esos son sueños guajiros.
La tremenda movilidad que ahora se tiene permite que uno pueda ser localizado en cualquier lugar y momento; si un colega o cliente necesita alguna información, prácticamente no hay pretexto para no enviársela, porque el mail y el acceso a Internet son cada vez más fáciles de tener, esté uno donde esté; quien no va lo suficientemente preparado a una reunión o entrevista, o no sabe lo último que ha pasado en el mundo o en su país, en serio que queda muy mal, porque verdaderamente la información de todo tipo (del negocio y la competencia, sobre los nuevos inventos, las noticias de los diarios, los análisis a fondo sobre cualquier tema y hasta los chismes del espectáculo) está al alcance de nuestra mano, o más bien dicho, a la distancia de un clic.
Hace años, cuando algún asunto relacionado con el trabajo me agobiaba, lo más que podía hacer en la madrugada era anotar mis pendientes, ideas o señalamientos en un post it para que fuera lo primero que hiciera al día siguiente al llegar a la oficina. Ahora, en ocasiones mi marido (que dicho sea de paso es licenciado en sistemas y trabaja para una importante firma multinacional de IT) se incomoda porque no puedo evitar prender la computadora y ponerme a enviar correos “a deshoras” (podría decirse). Lo entiendo.
Pero él nunca podrá incomodarse tanto como yo lo hago cuando me avisa que tiene que viajar por dos o tres semanas seguidas para asistir a juntas y resolver asuntos relacionados con procesos de ITIL o cuestiones de soporte y servicio de una de sus empresas cliente. Todo porque, estando centralizada en la ciudad de México (aunque con oficinas en todo el país), esta organización ha decidido outsourcear por completo el área de sistemas, cuyas tareas se ejecutan desde un gran centro de datos que la firma IT tiene en Monterrey, pero que igualmente pueden realizarse de forma remota desde las oficinas de la capital (la infraestructura así lo permite, pues).
Entonces, si cuando es asunto urgente, el personal IT que se ubica en el Distrito Federal (incluido mi marido) puede entrar en los servidores de datos que están albergados en la ciudad del cabrito y sacar avante alguna caída o falla en los sistemas de su cliente, por qué no puede mantener las reuniones virtualmente, y llegar a su casa todas las noches, aunque sea a seguir trabajando. ¿Dónde está, entonces, el verdadero significado de la movilidad?
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